Ya los millonarios pueden vivir como los billonarios

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Ya no necesita tener una fortuna de cientos de millones de dólares para disfrutar de los lujos de los ultra-ricos, como jets privados o yates de lujo. Ahora es suficiente con contar con unos pocos millones.

La economía compartida o colaborativa no se inspiró en las necesidades de los ricos. Pero de alguna manera, se ajusta perfectamente. La idea se basa en las personas que tienen activos en exceso, que están dispuestos a alquilar a extraños. ¿Quién tiene más activos ociosos que los súper ricos? ¿Y quién ama los ingresos adicionales más que las personas que han pasado sus vidas acumulando dinero?

En el otro lado del mercado, los plutócratas bulliciosos son una fuente constante de demanda de alojamiento temporal y ráfagas de lujo. El sistema puede incluso tener un extraño beneficio de relaciones públicas: un ejecutivo que alquila un jet en lugar de comprarlo, no tiene que justificar la compra ante sus accionistas, pero lo disfruta como si fuera propio.

La vida ultralujosa comienza con un jet privado. Con 700 aviones, NetJets es ahora la quinta aerolínea más grande por número de aviones, después de Southwest Airlines, y tiene acceso a miles de aeropuertos privados en USA. Su principal innovación fue aplicar el principio de la propiedad fraccional, o tiempo compartido, a esta importante herramienta ejecutiva. Los clientes compran una participación en un avión que les da derecho, por ejemplo, a 200 horas de viaje al año.

Con el jet privado, ahorra tiempo valioso, tiene una “oficina” en el aire, no tiene que preocuparse de otros pasajeros que espían lo que habla o escribe, el vuelo es más suave (los aviones privados suelen volar a 45.000 pies), los asientos son como un trono y hasta puede traer a su mascota. Además, NetJets ofrecer a sus clientes un asomo a la vida cultural de los super ricos: boletos difíciles de conseguir para eventos como Art Basel, ferias de arte y cenas privadas con celebridades.

Stratajet, por otro lado, vende boletos en los trayectos vacíos de jets privados, al precio de un billete de clase business o incluso menos.

Luego vienen los yates. Aunque no son indispensables (no todo el mundo quiere flotar por semanas con los mismos compañeros), GetMyBoat, empresa con sede en San Francisco, ofrece a sus clientes acceso a lanchas, casas flotantes de lujo, yates y motos de agua en 7.100 sitios en todo el mundo.

 

Uber, empresa de tranporte compartido, y Airbnb, servicio de alojamiento compartido, no solo sirven al mercado masivo, también tienen una importante participación en el mercado de lujo. Uber ofrece viajes en yate en Dubai (UberYacht) y en helicóptero en São Paulo (UberCopter). Airbnb crece cada día más en apartamentos de lujo en Londres, Hong Kong y el Caribe.

Hay proveedores en casi todos los rincones del espectro del lujo. Staller, que se describe como el “Airbnb para los caballos”, ayuda a los propietarios de caballos a alquilar puestos cerca de competiciones ecuestres. ThirdHome.com permite a las personas con sólo un par de casas, vivir como si tuvieran una docena. Con su servicio de helicóptero entre Manhattan y los Hamptons, Blade ha mejorado enormemente la vida de los neoyorquinos que pasan el fin de semana en Long Island. Incluso en el área de servicios financieros (asesoría de inversión, impuestos y donaciones), algunos bancos ya ofrecen lo que antes estaba reservado para los Rockefeller y los Morgan, para meros mortales con apenas $5 millones.

 

Antes había que nacer rico para unirse a la élite global. Luego hacía falta ganar unos cien millones de dólares; después el umbral se elevó a mil millones. Ahora los bienes y servicios que solían estar reservados para un puñado de magnates, están disponibles para el vecino millonario o aspirante a serlo, gracias a la magia de la economía compartida.

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